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Testimonios

Consuelo Morales, Monterrey, Nuevo León.

A sus 88 años (cumpliendo años este próximo 28 de octubre), Consuelo Morales Delgado, originaria de Linares, Nuevo León, nos comparte uno de los testimonios más conmovedores sobre cómo recuperar la vista puede cambiar por completo la vida de una persona.

Consuelo nos relata que, debido a las cataratas, uno de sus ojos se le fue cerrando poco a poco hasta pasar más de 10 años "andando a tientas" y dependiendo únicamente de distinguir la hora en el celular. Gracias al programa de apoyo social, a la vinculación con el DIF y a la llegada de la Clínica Visión Adelante a Linares, resultó seleccionada en el sorteo para recibir su cirugía sin costo, un alivio inmenso al ser viuda y contar con recursos muy limitados.

Hoy, con una claridad recuperada que le permite ver hasta las letras más pequeñas, las casas al otro lado de la vía del tren y las flores del monte, Consuelo nos comparte su experiencia: no le dolió absolutamente nada durante la intervención y hoy agradece profundamente la labor de los doctores, enfermeras y de todo el equipo de Visión Adelante.

"Si no es por los doctores, enfermeras que les ayudan, los materiales que traen de medicina y los instrumentos... Yo le pedí a Dios que me diera ojos dobles, nuevos para poder ver, y gracias a Dios miro todo." — Consuelo Morales Delgado.

Conoce su inspiradora historia y descubre cómo la tecnología, la empatía y la salud visual transforman vidas sin importar la edad. 

José Eduardo, Paraíso, Tabasco.

José Eduardo, originario de Paraíso, Tabasco, recuerda cómo, antes de la cirugía, su mundo se había vuelto oscuridad. "No veía absolutamente nada, nada, nada", comenta con voz pausada, recordando los días en los que la luz desapareció de su vida. Las tareas cotidianas se volvieron difíciles y dependía de los demás para moverse con seguridad. Su esperanza renació cuando se enteró de un programa impulsado por el gobierno que brindaba apoyo a personas con problemas de visión. "Como no tenía los recursos, gracias a ese programa acudí a la clínica", relata con gratitud. Fue allí donde conoció al equipo médico que le ofreció una nueva oportunidad de ver. El proceso quirúrgico fue una experiencia que José Eduardo describe como "maravillosamente buena". "Fui bien atendido por todos los médicos", recuerda. Días después de la operación, cuando le retiraron las vendas, no pudo contener la emoción: "Veo bien, clarito, clarito; es inexplicable decirlo".

Las lágrimas que brotaron de sus ojos no eran de dolor, sino de alegría. 
 
"Estoy feliz y contento, tanto con ustedes como con Dios", dice sonriendo. Su agradecimiento no se limita a las palabras; también invita a otros a no perder la fe "Claro que recomiendo esta clínica, no quiero que nadie pase por lo que yo pasé". Antes de despedirse, uno de los médicos le dejó un consejo que José Eduardo atesora: "Dios nos dio nuestros ojos para guiarnos por el bien, para hacer cosas positivas y ayudarnos unos a otros.


Dedica tu vida a Dios y vive haciendo el bien". Hoy, José Eduardo disfruta de los colores, los rostros y los paisajes que había dejado de ver, y su historia se convierte en un testimonio de esperanza, fe y segundas oportunidades.

Las Choapas, Veracruz.

Una madre y su hijo, originarios del municipio de Las Choapas, Veracruz, compartieron el testimonio de su incansable búsqueda de atención médica para la madre, quien enfrentaba severos problemas de visión. Con la esperanza de encontrar una solución, viajaron a la ciudad de Coatzacoalcos, donde consultaron a un especialista. Tras realizarle diversos estudios, el médico les informó que, en el mejor de los escenarios, una cirugía apenas podría devolverle entre un 3% y un 5% de su visión. La noticia fue devastadora para ambos, pero decidieron no rendirse y emprendieron la búsqueda de nuevas alternativas.

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Durante el regreso a casa, un detalle aparentemente insignificante cambió el rumbo de su historia. Al ver un tulipán en la banqueta, el hijo recordó un hospital en Tabasco del que había escuchado buenas referencias: la Clínica Tulipán. En ese mismo instante, un nombre vino a su mente: "Loyda". No sabía quién era, ni de dónde surgía aquel nombre, pero lo tomó como una señal. Sin dudarlo, buscó el número de contacto de la clínica y agendó una cita de inmediato. Su madre, cristiana desde hacía muchos años, había estado orando fervientemente, convencida de que Dios abriría una puerta, y se negaba a aceptar ese diagnóstico como el final. 
 
Al escuchar los planes de su hijo, sintió una certeza inexplicable: aquel podía ser el camino que tanto habían pedido en oración. Cuando finalmente llegaron a la clínica, la madre experimentó una profunda sensación de paz.Por primera vez, sentía que estaba en el lugar correcto. Con la fe intacta, confiaba en que Dios les concedería un milagro. Fue atendida por la Dra. Loyda Chavarry y, una vez más, madre e hijoaron que los planes de Dios son perfectos. El resultado de la consulta superó todas sus expectativas. Con el tiempo, la madre recuperó su visión. Antes, apenas lograba distinguir sombras y no reconocía rostros; ahora, puede ver con claridad.

Moncerrato Sánchez, Linares, Nuevo León.

Moncerrato Sánchez Lozoya, originario de Linares, Nuevo León, acudió a Monterrey en busca de especialistas para recuperar la vista de un ojo que ya no miraba nada. Antes de recibir ayuda, recorrió tanto el IMSS como el ISSSTE sin obtener respuestas claras, al punto de que, frustrado por los interrogatorios médicos, le cuestionó directamente a un doctor: "¿Me va a curar o me va a hacer preguntas?". Aunque su hijo lo regañaba diciéndole "no le hubiera dicho eso, ¿y quién es el doctor?", él defendía que, así como ellos sabían y estaban educados, él también les contestaba porque necesitaba saber qué tenía. 

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Tras pasar por una brigada en colaboración con Visión Adelante y el DIF Linares —gracias al apoyo de su hija— y perder las esperanzas de encontrar solución en las instituciones públicas, su situación cambió al llegar a la clínica Visión Adelante. Aunque admite que "soy miedoso", decidió dar el paso y operarse, describiendo el resultado como algo "de maravilla". 

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Ahora, sumamente agradecido con los médicos, enfermeras y los "muy buenos elementos que tiene la clínica", asegura por experiencia propia que ya puede sentarse en la puerta a ver y recomienda ampliamente el lugar a cualquier hombre o mujer que lo necesite, afirmando con convicción: "Porque ya me pasó a mí y por experiencia lo tengo ya, entonces lo recomiendo al que sea"

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